Una característica fundamental de Písac Pueblo Moderno es que al igual que otros pueblos andinos, destaca por su iglesia colonial y su tradicional feria dominical.
La plaza principal está revestida por árboles centenarios y pequeñas callejuelas de piedra que dan la bienvenida a ferias espontáneas, que se realizan los martes y jueves. Estas actividades hacen notar la ascendencia y estructura hispánica de los pobladores.
Písac goza de una serie de atractivos para sus visitantes. No solo posee la paz y quietud característicos del campo, sino, impresionantes ruinas y constantes ferias, que transforman la naturaleza del lugar.
Para los amantes de las tradiciones será una experiencia fascinante pasar la noche anterior a la feria, en Písac, y madrugar para asistir al despertar del pueblo y a la llegada de los vendedores.
Las faenas se inician cerca de las 5:30 de la mañana, luego de que las campanas de la iglesia alboroten la quietud del valle. La plaza se va poblando de hombres y mujeres que llegan a pie cargando sus productos: fresquísimas cebollas, choclitos del Urubamba, frutas de Quillabamba y la inmensa variedad de papas de la zona.
La particularidad del mercado de Písac es que sus comerciantes no sólo venden sino que también intercambian productos. Por ejemplo, aquellos que viven en las tierras altas se abastecen de los productos de las tierras cálidas y viceversa.
El visitante realmente goza de un panorama agradable desde tempranas horas. Aún cuando no amanece, es grato toparse con el aroma del pan recién horneado. Pero el pan que se prepara en Písac posee características especiales. Algunos expertos refieren que es debido al famoso horno de Písac, hecho de barro y relativamente grande.
De otro lado, las empanadas de cebolla y queso hacen su aparición a partir de las once de la mañana, cuando ya la calle se ha vuelto intransitable. Irse sin probar estas delicias sencillas, es casi un pecado mortal. |