Mientras nos adentramos en los territorios antiguamente dominados por grandes culturas, una majestuosa construcción nos sorprende, ante nuestros ojos se levanta uno de los más importantes centros ceremoniales del antiguo Perú, el complejo arqueológico El Brujo. Sepultado bajo las arenas del tiempo durante cientos de años hoy está siendo lentamente descubierto, para el asombro y maravilla de quienes logran contemplarlo.
La llanura se rinde ante la imponente figura del complejo, conformado por la Huaca Prieta, ubicada hacia el sur y las huacas Cao Viejo y Cortada, ubicadas hacia el este y oeste respectivamente, las tres de forma piramidal trunca, construidas con plataformas unidas por rampas, que conducen a plazas y otros recintos. Complementan el conjunto una serie de edificios menores, viviendas y cementerios, todos ellos en pobre estado de conservación pero que yacen hasta hoy como mudos testigos de una época gloriosa que se nos va develando de a pocos.
Tras el abandono de los mochicas el lugar seguiría siendo utilizado, sucesivamente, por hombres de las culturas Lambayeque y Chimú, así como durante el periodo colonial e inicios de la república. Durante siglo XVI, los conquistadores españoles y los religiosos dominicos, conocedores de las historias que rodeaban a este importante centro, construyeron delante de la Huaca Cao una iglesia (aún hoy enterrada) con el fin de combatir la idolatría de los lugareños.
ARQUITECTURA DIVINA
El Brujo debe su nombre a la constante afluencia de los llamados brujos o curanderos norteños (shamanes) a este lugar, quienes realizaban y realizan, hasta la actualidad, ceremonias de curación en montañas o ruinas pre hispánicas, como la Huaca Cao Viejo, por considerarlos lugares de poder.
Al haber sido un importante centro ceremonial, las principales construcciones fueron destinadas al culto a los dioses, así mismo la ornamentación de las mismas son representaciones de escenas rituales o advocaciones a sus principales divinidades.
La Huaca Cao fue, de entre todas, el edificio más importante del complejo. Esta pirámide trunca escalonada, remodelada hasta en siete ocasiones, fue construida por primera vez a inicios de la era cristiana y entró en decadencia durante el siglo VII dC. De las primeras construcciones se sabe que fueron hechas con adobes, moldes de caña y madera y que las fachadas y terrazas fueron pintadas en colores rojo, blanco y amarillo.
Los arqueólogos sostienen que los Moche realizaron sacrificios humanos entre cada periodo de remodelación, los cuerpos, muchas veces decapitados, hallados dentro de la construcción sustentan esta teoría, con ello, agregan, se buscaba fortalecer la morada de sus dioses y conseguir bendiciones para la comunidad.
Los altorrelieves de los muros del templo (Huaca Cao Viejo) muestran una variada temática, desde imágenes cotidianas hasta representaciones de figuras sagradas, como la infaltable imagen del "Decapitador", imagen sobrenatural antropomorfa con rasgos felínicos, encontrada en el frontis principal, que sería la representación de la principal deidad Mochica, el dios Aiapaec.
Las pinturas murales son otra muestra de su maravilloso arte, para ellas se usaron una amplia gama de colores y diseños. En la fachada principal se representaron, a lo largo de todo el periodo Mochica, imágenes de importantes acontecimientos de la época, entre ellas destacan la imagen de Los Prisioneros, individuos desnudos con la soga al cuello en un momento previo al sacrificio; Los Oficiantes, personajes de exquisito vestuario, que parecen participar de un ritual; La Escena de Sacrificio, donde se observa un Decapitador sacrificando a un niño y la Escena de Combate. |